Informe de Cosecha 2020

¡Año particular y para recordar en nuestra historia vitivinícola! Ningún factor climático o agronómico será más memorable este año que la pandemia que nos ha tocado atravesar.

¡Año particular y para recordar en nuestra historia vitivinícola! Sin dudas será la vendimia en la cual ningún factor climático ni la incidencia de nuestro manejo en las viñas o en las bodegas será más importante que la pandemia que nos ha tocado atravesar, para la inmensa mayoría de nosotros, por primera (y única) vez en la historia. Con una vendimia intensa por el clima de la temporada estival y por la celeridad que el coronavirus le impuso al ritmo y, sobre todo, a la finalización de la cosecha, podemos decir que finalizamos una cosecha con mejores expectativas en torno a la calidad esperada, de lo que hubiésemos imaginado. Después de un invierno demasiado benigno y con pocos días de bajas temperaturas, entramos a una primavera fría y seca. No se registraron lluvias prácticamente en toda la primavera, lo que generó un inicio de ciclo con algunos días de anticipación y con ello el riesgo de exposición a heladas tardías. En Susana Balbo Wines tenemos viñedos propios en dos zonas: Agrelo, en Luján de Cuyo, y Gualtallary, en el Valle de Uco. También compramos uva dentro de las mismas zonas donde estamos establecidos con nuestros viñedos, fundamentalmente a lo largo de todo el Valle de Uco. Me gustaría destacar que ha sido un año muy especial para Gualtallary que, desde el punto de vista climático, tuvo algunos incidentes que hicieron que sea una vendimia totalmente diferente a anteriores. El sector más importante por uvas de calidad en el noroeste del distrito, sobre la calle Camino a Estancia Silva, tuvo un par de días de temperaturas bajas a mediados de octubre (el 14/10), con heladas no muy intensas (entre -0,5 y -1°C), pero sí muy largas, entre 48 y 72 horas. Esto incide fundamentalmente en el posterior corrimiento de variedades sensibles, fundamentalmente en Malbec. A continuación de estos días fríos, tuvimos granizo en tres oportunidades: uno que ocurrió el 21 de noviembre, seguido de otro el 3 de diciembre y posteriormente cayó un poco más de piedra chica y mucho más raleada a la que le dimos menos importancia a fin de diciembre. Como es una zona en la que raramente cae granizo, nos llamó mucho la atención. Obviamente que esto afectó varios de los viñedos que están en el corazón de esta potencial IG, lo que generó mermas importantes. Como fueron granizos tempranos, en muchos casos los viñedos dañados por no tener malla antigranizo alcanzaron a recuperarse, pero obviamente con niveles mucho más bajos de producción; algunos sufrieron una pérdida del 40, del 50 y de hasta el 60%. 

Al ser temprano, hubo viñas que llegaron a la cosecha con buena canopia, buena cantidad de hojas en sus brotes, pero con una menor carga, lo que generó uvas de mucha concentración. Para ejemplificar, una planta que habitualmente puede cargar un kilo, se ha encontrado con 400 gramos de fruta después de estos fenómenos. El resultado fueron uvas más concentradas y potentes, pues la planta debió trabajar para madurar menos cantidad de uva. Nuestros viñedos tienen malla antigranizo por lo que no tuvimos serias pérdidas, salvo un sector nuevo de plantaciones hechas en el 2017 que sufrió porque no tenía protección, aunque tampoco tenía uva. Más allá de que haya sido un año climáticamente tan particular para Gualtallary, las uvas que quedaron remanentes y que se pudieron cosechar fueron de excelente calidad. Siguiendo con la temporada estival, el perfil seco y caluroso del año determinó que para nosotros sea una vendimia clásica, la que se adelantó término medio dos semanas y finalizó tres semanas antes de lo habitual. Independientemente de cuál sea el sistema de conducción, los viñedos bien manejados desde el punto de vista agronómico, del trabajo que se hizo en el viñedo, que fueron bien irrigados (metódicamente, en tiempo y forma) y pudieron mantener una buena salud desde el punto de vista fisiológico, es decir, cuyas hojas se mantuvieron bien (no se pusieron amarillas, ni se cayeron, ni sufrieron gran estrés), son los que determinaron finalmente un año de buena calidad. Incluso más allá de la zona, esas viñas saludables son las que originarán los vinos de mejor calidad. Obviamente y como siempre se destaca el Malbec. Es una variedad que lo hace prácticamente todos los años y en todas las zonas. Este ha sido un año para tener Malbecs con el perfil que le gusta a mucha gente: más generosos, de taninos suaves, de boca un poquito más amplia, de buena longitud, de buena capacidad de guarda y muy representantes de la variedad. Lo mejor lo vamos a ver en Malbec, aunque sin desmedro de que haya muy buenas cosas en otras variedades. Dependiendo mucho del lugar, también vamos a tener algunos buenos Cabernet Franc; los que provengan de viñedos o parcelas ubicadas en zonas frías, van a estar verdaderamente bien también. Pienso que tendremos vinos tintos jóvenes que se van a destacar por una muy buena expresión frutal. Estos años cálidos son los que llamamos “años de fruta”, en donde la expresión de distintos tipos de fruta se destaca (por ejemplo, frutos rojos o frutos negros, según cuándo se haya cosechado) y en forma muy expresiva, diría que casi extrovertida, dependiendo de la variedad y de la zona. En los vinos de guarda, aquellos que provengan de viñedos y de regiones especiales, van a tener una buena longevidad. No sé si la misma que de años fríos y de vendimias más largas, pero sí van a tener un buen potencial de guarda. Van a tener también una más evidente expresión que la que tienen años fríos. Como dije anteriormente, los años cálidos producen vinos más extrovertidos con más impronta aromática, más abiertos y más frutales; de taninos que son más sedosos y untuosos, y vinos con un balance ácido que los puede hacer percibir como ligeramente más dulces, aunque este año también hemos tenido buena acidez. Destaco esto porque en los años calurosos, manejar la acidez es todo un tema y este año las uvas, a pesar del calor, fueron cosechadas con valores de acidez y pH excelentes, por lo tanto, van a hacer también vinos tintos de muy buena frescura.

EDGARDO DEL POPOLO